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PRUEBAS COVID: ¿PARA QUÉ SIRVE CADA UNA DE ELLAS?

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Tras más de seis meses intentando controlar y aprendiendo a convivir con la pandemia COVID-19 y tras un verano atípico, nos encontramos en un momento crucial en el que, por un lado, estamos retomando la actividad «normal» tanto en las empresas como en las aulas, y por otro, estamos asistiendo a una serie de rebrotes que afectan cada vez más a todas las comunidades y sectores.

Uno de los retos desde el inicio de la pandemia, es definir qué pruebas podemos realizar para determinar algunos aspectos fundamentales:

A nivel individual: si una persona está infectada o no, y si una persona ha pasado la enfermedad y presenta algún grado de inmunidad frente a la misma.

A nivel poblacional: Si existen brotes en un determinado momento y lugar, y qué tipo y grado de inmunidad existe en una población determinada.

Cuando hablamos de pruebas tenemos que tener en cuenta dos factores: la especificidad y la sensibilidad. La especificidad es la probabilidad de clasificar correctamente a un sujeto sano. Que a un sujeto sano le salga un test negativo. Si la especificad de una prueba es alta hay pocos falsos positivos. La sensibilidad representa la probabilidad de clasificar correctamente a los infectados o, lo que es lo mismo, a los verdaderos positivos. Si la sensibilidad de una prueba es alta significa pocos falsos negativos.

Existen en el mercado diferentes pruebas, con diferente especificidad y sensibilidad, pero con diferente utilidad en dependencia de lo que queramos valorar.


Prueba PCR o RT-PCR

Reacción en Cadena de la Polimerasa. Esta prueba nos habla de la presencia o no del virus (restos de ácidos nucleicos ARN) en la muestra analizada.

Se toma una muestra de exudado nasofaríngeo (o vías respiratorias bajas). Se somete la muestra a un proceso que transcribe el ARN del virus como ADN y posteriormente los fragmentos de ADN se multiplican millones de veces para hacerlos detectables.

Estos test de PCR son muy específicos y sensibles. Suelen tardar en realizarse unas cuantas horas y requieren un equipamiento y un personal técnico especializado.

Pueden dar resultado positivo en personas antes de que manifiesten síntomas, pero que ya tengan el virus. A lo largo de la enfermedad pueden permitir hacer un seguimiento de cómo va la infección, porque cuando la persona ya se ha curado y no tiene el virus activo, en principio debería dar negativo. No se puede descartar que pacientes convalecientes «sin síntomas» puedan dar positivo en la RT-PCR y seguir siendo portadores del virus.

Pero también se ha establecido que podemos tener una PCR positiva y no ser contagioso. Esto ocurre en individuos asintomáticos (o que habiendo tenido síntomas llevan más de 14 días sin síntomas) que tienen todavía una PCR positiva, pero que ya han desarrollado anticuerpos IgG +. Esta última situación se interpreta como que son restos de virus sin capacidad infectiva y que estamos ante una infección pasada.

Tiene inconvenientes como que hay que hacer una recogida correcta de la muestra. Si la infección está avanzada el virus se concentra en los pulmones y esta prueba puede ser negativa. En ocasiones el resultado sigue siendo positivo, aunque la infección haya remitido, lo que hace pensar que estas personas siguen siendo portadores del virus.


Test antigénicos

Se realiza en exudado respiratorio y la muestra se recoge de forma similar a la PCR. No requiere la transcripción del ARN en ADN, sino que se detectan directamente proteínas del virus.

Son algo menos específicos y sensibles que la PCR (sus resultados parecen estar entre un 96 y un 98 % de coincidencia con la PCR), pero su rapidez en la obtención de los resultados, la no necesidad de un soporte técnico y su precio van a hacerles tomar un papel importante en las próximas semanas, tanto en el despistaje masivo de posibles positivos asintomáticos en entornos específicos (como los centros educativos), como en el diagnóstico diferencial de enfermedades respiratorias habituales en los meses de otoño e invierno, como es el caso de la gripe. Es por estos motivos que su uso acaba de ser aprobado por el Ministerio de Sanidad como herramienta de diagnóstico y cribado.

También se están probando otras posibilidades como realizar este tipo de test no en muestras de exudado nasofaríngeo sino en saliva, lo que facilitaría la obtención de la muestra incluso por parte del propio individuo.


Pruebas para detección de anticuerpos

Estas pruebas no buscan la detección directa del virus o partes del mismo, sino determinar si se está produciendo o se ha producido una respuesta inmunitaria al virus, si el organismo ha producido anticuerpos. Detectamos anticuerpos producidos contra determinadas proteínas del virus.

Para entender esta respuesta inmunitaria tenemos que saber que primero hay un período de latencia en el que todavía no es posible detectar la respuesta del sistema inmune. Pero después de unos días, se comienzan a producir anticuerpos. Se producen primero anticuerpos del tipo IgM hasta alcanzar un máximo a los 7-10 días para, más tarde, casi desaparecer. Esta respuesta primaria es indicativa de una infección aguda.

Posteriormente se producirá la respuesta inmune secundaria, más rápida, intensa y prolongada. Se producirán anticuerpos de tipo IgG y durarán más tiempo en la sangre. Indican que el individuo ha pasado la infección.

Aunque se está viendo que la IgM puede mantenerse de forma fluctuante durante largos periodos de tiempo, una IgG + indica infección pasada, aunque coincida todavía con una IgM positiva.


 


En definitiva, los test serológicos pueden proporcionar información valiosa respecto a una infección activa o a un contagio previo. Puede ser por tanto una herramienta de diagnóstico masivo, especialmente importante en SARS-CoV-2, donde hay un número muy elevado de pacientes asintomáticos.


Para la determinación de estos anticuerpos podemos realizar:

1. Test rápidos de Anticuerpos

Se realizan con una gota de sangre capilar por transferencia directa al test (que contiene antígenos del virus) y lectura de la respuesta (visual generalmente) al cabo de pocos minutos

Tienen las ventajas de ser una prueba rápida (entre 5-15 minutos desde la extracción de la muestra a los resultados), se realiza en una muestra de sangre capilar obtenida con una extracción sencilla y mínimamente invasiva, las muestras tienen una baja o nula carga viral (no se espera la presencia del virus en estas muestras), y puede ser leída directamente en el sitio de toma de muestra, no requiere de instrumentación compleja externa, y no requiere de personal especializado de laboratorio de para su análisis ni para la lectura de los resultados. La respuesta es cualitativa (tipo SI/NO) y tiene una menor sensibilidad y especificidad.


2. Test serológicos en sangre venosa (ELISA / CLIA)

Se realizan en una muestra de sangre venosa y la determinación se tiene que realizar en un laboratorio con un equipamiento específico.

ELISA (ensayo por inmunoadsorción ligado a enzimas) es una prueba serológica para detectar anticuerpos provocados por la infección por el coronavirus SARS-CoV-2. Estas pruebas permiten detectar la presencia de anticuerpos en la sangre de los pacientes y la concentración de los mismos, con una elevada sensibilidad (detecta a los verdaderos positivos, tiene pocos falsos negativos) y especificidad (detecta a los verdaderos negativos, tiene pocos falsos positivos).

CLIA (Los inmunoensayos CLIA usan una técnica de quimioluminiscencia. Es una prueba aún más sensible y específica que ELISA, dado que la señal que emite la enzima acoplada al anticuerpo de detección es un cambio de luz, en vez de un cambio de color, como ELISA. Este tipo de ensayo requiere un equipamiento específico con lector de luz de quimioluminiscencia.


Si volvemos a los planteamientos que nos hacíamos al principio de qué pruebas es más recomendable hacer las respuestas serían que:

Para determinar si una persona está infectada en un momento determinado se tiene que hacer una prueba PCR o un test rápido antigénico.

Si queremos saber si hemos pasado la infección se han de realizar pruebas que determinen la presencia de anticuerpos (la presencia de anticuerpos IgG indica infección pasada). Pueden ser test rápidos o serología ELISA/CLIA

Si queremos saber si en una población determinada hay presencia de casos sintomáticos o asintomáticos que puedan suponer una situación de brote o un riesgo de contagio social tenemos dos opciones: hacer PCR (o test antigénicos) directamente, o hacer test serológicos y realizar PCR solo a aquellos individuos que tengan anticuerpos IgM sin haber desarrollado todavía anticuerpos IgG.

Si lo que buscamos es saber qué grado de protección tiene una población determinada, debemos hacer pruebas serológicas y determinar qué porcentaje de población tiene anticuerpos IgG.

En relación a este último punto, los estudios de seroprevalencia que se han realizado en nuestro país demuestran unos porcentajes muy bajos de población protegida por estos anticuerpos. Pero la memoria inmunitaria no solo se compone de anticuerpos, también está formada por células, en especial por los linfocitos B (los productores de los anticuerpos) y los linfocitos T, los soldados que luchan contra el virus, que podrían reactivarse si el virus volviera a infectarnos. Pero medir la inmunidad celular, ver si nuestros linfocitos T se levantan contra el coronavirus, precisa de técnicas complejas, caras, que requieren tiempo y laboratorios y personal especializado.

Por esa razón, la Sociedad Española de Inmunología propone testar la inmunidad celular en poblaciones determinadas, por ejemplo, en los casos que han perdido los anticuerpos (hecho que se ha demostrado con los dos grandes estudios de seroprevalencia realizados).

Además, los expertos indican que se pueden perder anticuerpos y que sigamos teniendo los linfocitos B de memoria preparados para producirlos si entramos otra vez en contacto con el virus. Estas células B tienen una vida media de hasta 20 años.

Otra de las investigaciones abiertas intenta averiguar si hay personas con una respuesta inmune innata tan potente que elimine el virus antes de que se activen las otras líneas de defensa del organismo y por tanto no dejarían rastro de memoria inmunitaria.

En resumen, que el hecho de que no encontremos anticuerpos en individuos que han pasado la enfermedad no indica necesariamente que no tengan inmunidad, sino que aún no disponemos de todas las herramientas para determinarla.




Fuente:     ASPREN