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DE LA PAUSA PARA EL CAFÉ A LAS COMIDAS Y VIAJES DE TRABAJO: UN POCO DE LUZ SOBRE EL REGISTRO HORARIO

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La privacidad y flexibilidad preocupa a empleados y directivos de recursos humanos

Han pasado más de cuatro semanas desde la puesta en marcha de la norma que obliga a todas las empresas a llevar a cabo un registro de la jornada diaria de sus trabajadores. Sin embargo, son muchas las compañías que todavía siguen estudiando cómo aplicar la nueva ley o que andan perdidas al gestionar los casos más complejos. Mientras tanto, a la espera de que el criterio técnico de la ITSS salga publicado y arroje algo más de luz, el despacho Baker McKenzie ha organizado un encuentro con los responsables de aterrizar la norma en varias organizaciones, y así despejar las dudas de los casos más frecuentes, como la pausa del café, los viajes corporativos y las comidas, eventos o guardias de trabajo, además de todo lo que rodea a la flexibilidad y privacidad de los empleados.

¿Qué es tiempo de trabajo? Antes de nada, introduce Francisco Gómez, Of Counsel de laboral de Baker McKenzie y profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad Carlos III, es importante definir qué es el tiempo de trabajo. “El registro es de hechos. Yo no tengo que registrar lo que hago trabajando, sino el hecho de que lo estoy haciendo”, afirma. Por eso, y basándose en la influencia del TJUE, “que es el que marca los ritmos”, la definición, por elemental, no deja lugar a dudas: “El tiempo de trabajo tiene una definición binaria. O estás trabajando o estás descansando. Es cualquier momento en el que el empleado está a disposición inmediata de la empresa o con actividad registrada”.

Guardia de trabajo. Es uno de los casos más interesantes, reconoce Gómez. Para dilucidar si debe ser registrada, hay que ver antes si se considera periodo de trabajo o no. “Todo dependerá de si tengo libre disposición de mi tiempo, es decir, de si puedo estar descansando”. Así, aunque el empleado tenga que estar pendiente de una alerta, si puede ir al cine, a pasear o a cenar y tiene un margen de respuesta amplio para engancharse a su puesto, “no debería considerarse tiempo de trabajo”. Si por el contrario tiene que estar en todo momento con disponibilidad inmediata, "por ejemplo, responder en 10 minutos", sí debería contar como horario de trabajo, y por lo tanto registrarse.

Pausa para el café o fumar. El criterio en estos supuestos, en opinión de Gómez, sería el mismo. “Básicamente, si el profesional tiene tiempo de libre disposición se considera descanso", por lo que esos momentos no deberían computarse como trabajo. No obstante, "hay empresas que tienen sus propios convenios y acuerdos”. En estas circunstancias, son muchos los grupos que permiten que sus empleados dispongan de varios minutos al día para este tipo de pausas.

Comidas o eventos corporativos. En estas situaciones se presupone que los empleados no disponen de libre disposición y elección de su tiempo, por lo que lo más lógico es computar estos momentos como trabajo.

Viajes de empresa. Aunque el patrón sea el mismo en todas las circunstancias también hay excepciones, y el caso de los viajes corporativos es uno de los más complejos. “En un supuesto en el que alguien se marcha urgentemente para ver a un cliente y regresa al día siguiente, podría entenderse que no tiene libre disposición”, reflexiona Gómez. Sin embargo, si un empleado se va lejos varios días, de forma planificada, hay una disposición relativa, “no todo va a ser tiempo de trabajo, y eso debe acordarse”.

Desplazamientos. Es otro de los supuestos más complicados. En el caso de que ese desplazamiento se produzca dentro de la jornada laboral, “por ejemplo, un técnico de seguridad que tenga que moverse de un sitio a otro para instalar alarmas”, contará como horario de trabajo. “Exceptuando, eso sí, el primer y último desplazamiento, que es como ir y volver de casa al trabajo”. En las situaciones en las que hay desplazamientos excepcionales, o en las que alguien debe coger un avión una vez al mes, se pueden llegar a acuerdos, “como establecer que el 50% del recorrido es jornada de trabajo y la mitad restante es descanso”.

Flexibilidad. El registro no es un fin, sino un medio, dice Carlos Hurtado, director del equipo de laboral de Baker McKenzie. Por eso, tarde o temprano tendrá que recogerse cómo afecta la nueva normativa a “todo lo conseguido en flexibilidad y conciliación”, explica. “Tendrá que describirse, por ejemplo, qué pasa con las 12 horas de descanso entre jornada y jornada. Pero no creemos que la norma vaya a acabar con todos los avances”, opina Luisa Gómez, directora del equipo de laboral del bufete.

Privacidad. Es otra de las dudas más comunes, relacionadas en gran medida con la flexibilidad. En este apartado, los expertos creen que alguien que tiene libertad para trabajar cuando mejor le viene no tiene por qué dejar constancia de qué es lo que hace ni cuáles son sus ritmos. Con registrar el horario debería ser suficiente.

Excepciones. Aunque la guía publicada por Trabajo lo deja claro, Hurtado recuerda que, salvo la alta dirección, los autónomos, los subcontratados y los becarios, la norma es obligatoria para todos, aunque puede haber excepciones en aquellos que están sujetos a una relación laboral especial.

Multas. Trabajo puede sancionar con hasta 6.250 euros a las empresas que no dispongan de registro. Y fueron muchas las voces que alertaron con que a un gran grupo quizá le salía más rentable abonar la multa que establecer cambios. “Pero estas sanciones pueden aumentar por reincidencia". Además, por imagen corporativa, "a nadie le debería salir rentable hacer algo así”, apunta Gómez.

Con todo esto, Luisa Gómez insiste en que debería haber un mensaje más positivo en torno al registro horario. "Hay cierto nerviosismo o rechazo, pero puede servir para lograr muchos cambios positivos". Además, añade, es una obligación legal, por lo que no tiene sentido no aprovecharla. "Tenemos que buscar la parte buena, por ejemplo, en todo lo que atañe a la productividad o el absentismo, sin olvidar el presentismo o el derecho a la desconexión digital", recalca. La experta, además, recuerda que este no es un debate nuevo. "Hay una sentencia del Supremo en 1989 que ya reflexiona sobre esto, sin dictaminarlo como necesario". Pero sí hay una ley, que se remonta a 2003 [Directiva 2003/88/CE, art. 40 CE], en la que se habla del control horario en trabajos nocturnos "para salvaguardar la salud, la higiene y la seguridad en el trabajo".




Fuente:     cincodias.elpais.com




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Los países europeos piden que se utilice el tipo FFP2 ante el avance de cepas más contagiosas

¿Qué tipo de mascarilla hay que llevar en cada situación? ¿Cómo hay que ponérsela? El uso de estas protecciones contra el coronavirus vuelve a evolucionar en algunos países debido a la aparición de variantes más contagiosas.

Son las mascarillas que mejor filtran, puesto que bloquean 94% de las partículas más finas (alrededor de 0,6 micrómetros). Están destinadas en principio para el personal médico, con el fin de proteger a la persona que las lleva.

Estas protecciones se adaptan a la forma de la cara sin entreabrirse. FFP2 es la apelación europea y N95 es su equivalente en el continente americano. Austria y la región alemana de Baviera decidieron imponer este tipo de mascarillas en comercios y transportes debido a la aparición de nuevas variantes más contagiosas. Pero «volverlas obligatorias puede plantear muchos problemas», indica a la AFP KK Cheng, director del Instituto de Investigación Aplicada en Salud de Birmingham (Inglaterra).

Por ejemplo, al ser casi herméticas, se requiere un mayor esfuerzo para respirar, sin contar con que son más caras.

«Para toda una familia que debe cambiarse con frecuencia» la mascarilla «no es soportable» pagar 1 euro (1,2 USD) la unidad, afirma a la AFP el doctor Michaël Rochoy, cofundador del colectivo francés Stop Postillons, que preconizó desde el principio de la pandemia el uso generalizado de mascarillas.

Rochoy apunta además que el comportamiento es igualmente importante: «Uno puede llevar hasta una escafandra, pero si a la hora de comer se reúne con más gente en la misma mesa, ya sea en la cantina escolar o en el restaurante de la empresa, no sirve de nada «.

El uso de estas mascarillas de polipropileno, originalmente reservadas al ámbito sanitario, se ha generalizado con el covid-19. Su objetivo principal es impedir que su portador contagie a los demás. Si todo el mundo la lleva, puede por tanto aportar una protección colectiva.

Bloquea al menos 95% de las partículas de 3 micrómetros. Así como las FFP2, no hay que llevarla más de cuatro horas.

Las mascarillas de tela, industriales o confeccionadas en casa, se generalizaron a raíz de la escasez de mascarillas médicas al principio de la pandemia. Pero estas empiezan a ser consideradas menos seguras frente a las nuevas variantes.

Así, Alemania acaba de imponer las mascarillas médicas en los comercios y transportes y en Francia, el Alto Consejo de Salud Pública recomendó evitar las industriales de tela de categoría 2 -- con una capacidad de filtración de 70% --, y las caseras.

«Si todo el mundo lleva correctamente una mascarilla casera, la protección sigue siendo muy apreciable «, objeta no obstante el doctor Cheng, citando un estudio publicado el miércoles en la revista científica Proceedings of the Royal Society A.


Realizado por investigadores de Cambridge, este concluye que los aerosoles cargados de virus pueden recorrer 2 metros en varios segundos y que «el distanciamiento físico sin ventilación no es suficiente para proteger durante largas exposiciones «.

«El riesgo de infección se reduce de 60% con una mascarilla casera básica «, asegura Cheng.

Debe cubrir la nariz y la boca, englobando la barbilla. Hay que lavarse las manos antes de ponérsela y colocársela sujetando las tiras elásticas. Una vez puesta, no hay que tocarla, de lo contrario hay que volver a lavarse las manos. El presidente estadounidense Joe Biden se mostró en público con dos mascarillas superpuestas, suscitando el debate.

«Llevar dos mascarillas vuelve desde luego el bloqueo más eficaz «, según Cheng. » Pero antes que nada deberíamos centrarnos en la gente que no lleva mascarilla o que no se la pone bien «. Las de tela son reutilizables y pueden lavarse varias veces, en general diez.

En cambio, la Organización Mundial de la Salud recomienda «tirar inmediatamente» las mascarillas médicas de uso único. Pero algunos especialistas estiman que pueden lavarse varias veces antes de desecharlas, con el fin de limitar el gasto familiar y la contaminación del plástico. Otros preconizan guardar este tipo de mascarillas usadas en un sobre durante siete días, lo que tarda como mucho en morir el virus.

«Recomendaría reutilizar la mascarilla después de siete días, entre 5 y 10 veces para la población en general «, declaró a finales de 2020 a la AFP Peter Tsai, uno de los investigadores que contribuyó a la puesta a punto de las N95.








Fuente:  lasprovincias.es



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