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CAMBIOS CLAVE EN LA CULTURA DE TRABAJO PARA 2030

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La cultura de trabajo está siendo sacudida por numerosos factores y cambios en los últimos tiempos, desde la evolución tecnológica al poder de los datos o a la captación del talento. Esta es la panorámica que nos encontraremos en 2030.

La cultura de trabajo es el ADN de la personalidad de cada compañía, en la cual están tatuados los valores, las expectativas de comportamiento, las prácticas y otras normas tanto tácitas como explícitas relacionadas con la compañía.

Una investigación reciente realizada por Hired halló recientemente que la cultura de la empresa es el segundo factor más importante que tienen en cuenta los candidatos a la hora de trabajar en una organización. Por tanto, si esta es tóxica o, por el contrario, está basada en la cooperación y en la confianza, influirá en gran medida en el grado de satisfacción de los empleados y a la larga, en la retención de su talento y permanencia en la empresa.

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Por otra parte, la cultura corporativa no es monolítica ni estática en el tiempo sino permeable: numerosos factores cambiantes inciden en ella, como los cambios demográficos, las iniciativas de diversidad e inclusión, la escasez de talento, la automatización, la tecnología en vertiginosa evolución y el poder de los datos. A continuación, dibujamos algunos de los principales cambios que sacudirán la cultura de trabajo de aquí a 2030.


5 cambios relevantes en la cultura corporativa de aquí a 2030


  1. Equipos más inclusivos y diversos que nunca: Las organizaciones deberán crear una red más amplia para el talento, aprovechando nuevas regiones o segmentos demográficos subutilizados, mientras que sus respectivas culturas corporativas deberán centrarse en la inclusión para crear entornos de trabajo armoniosos y productivos. Los equipos estarán más descentralizados, la tecnología facilitará la colaboración a través de zonas horarias distintas, brindará instrumentos de trabajo precisos para personas con diversidad funcional y eliminará los sesgos en la contratación de empleo. Otras herramientas para crear entornos inclusivos serán la IA, la gamificación o la realidad virtual.


  1. La brecha en las habilidades de comunicación se ampliará: Las habilidades de comunicación y oratoria escasean pese a su importancia en la actualidad. Dentro de una década, además de la voz, el texto y el vídeo, nos toparemos con la Realidad Extendida, que permitirá revolucionar por completo la manera en que las personas se encuentran e interactúan. La adaptación y la habilidad para usar múltiples plataformas serán esenciales, dice Jeanne Meister, socia fundadora de Future Workplace, una firma de consultoría e investigación de recursos humanos que brinda información sobre el futuro del aprendizaje y el trabajo. Y la gestión de las plataformas de forma inclusiva será esencial a medida que los lugares de trabajo sean más diversos.


  1. Confianza y transparencia en los datos: A medida que la Cuarta Revolución Industrial se haga cada vez más patente y la Inteligencia Artificial y el Machine Learning lo impregnen todo, las empresas tendrán acceso a mucha más información sobre los empleados, la productividad y los patrones de trabajo. Esta transparencia permitirá a los empleadores encontrar formas de mejorar la productividad, como la capacitación en áreas donde los empleados parecen tener dificultades. Sin embargo, dichos datos también generarán nuevas preocupaciones sobre la privacidad y la confianza, un desafío que requerirá esfuerzos conjuntos, potentes estrategias en ciberseguridad y transparencia en la gestión de la información.


  1. Aprendizaje constante para retener talento: Trabajadores y empresas deberán asociarse para crear vías de aprendizaje a lo largo de toda la vida con el fin de no quedarse atrás ante el progreso tecnológico. Las compañías tendrán que esforzarse en alcanzar fuertes tasas de retención creando confianza en la plantilla, temerosa de la automatización de sus tareas. Para ello, formación constante y capacitación en nuevas competencias y habilidades resultará esencial.


  1. Oficinas inteligentes y flexibles: La cultura corporativa guarda una estrecha relación con el espacio de trabajo. La reacción contra las plantas abiertas está propiciando que las compañías creen lugares de trabajo más flexibles, que incluyan espacios privados y estaciones de trabajo que faciliten la concentración y el trabajo profundo. A medida que las herramientas conectadas y los controles ambientales se vuelvan “más inteligentes”, todo será adaptable con la ayuda del IoT desde la iluminación y los niveles de ruido hasta la temperatura, optimizando su capacidad para mejorar el rendimiento y la comodidad de los empleados. También se añadirán salones de realidad virtual, pantallas para reuniones con trabajadores remotos o iniciativas de gamificación.



Fuente:          TICbeat












Los países europeos piden que se utilice el tipo FFP2 ante el avance de cepas más contagiosas

¿Qué tipo de mascarilla hay que llevar en cada situación? ¿Cómo hay que ponérsela? El uso de estas protecciones contra el coronavirus vuelve a evolucionar en algunos países debido a la aparición de variantes más contagiosas.

Son las mascarillas que mejor filtran, puesto que bloquean 94% de las partículas más finas (alrededor de 0,6 micrómetros). Están destinadas en principio para el personal médico, con el fin de proteger a la persona que las lleva.

Estas protecciones se adaptan a la forma de la cara sin entreabrirse. FFP2 es la apelación europea y N95 es su equivalente en el continente americano. Austria y la región alemana de Baviera decidieron imponer este tipo de mascarillas en comercios y transportes debido a la aparición de nuevas variantes más contagiosas. Pero «volverlas obligatorias puede plantear muchos problemas», indica a la AFP KK Cheng, director del Instituto de Investigación Aplicada en Salud de Birmingham (Inglaterra).

Por ejemplo, al ser casi herméticas, se requiere un mayor esfuerzo para respirar, sin contar con que son más caras.

«Para toda una familia que debe cambiarse con frecuencia» la mascarilla «no es soportable» pagar 1 euro (1,2 USD) la unidad, afirma a la AFP el doctor Michaël Rochoy, cofundador del colectivo francés Stop Postillons, que preconizó desde el principio de la pandemia el uso generalizado de mascarillas.

Rochoy apunta además que el comportamiento es igualmente importante: «Uno puede llevar hasta una escafandra, pero si a la hora de comer se reúne con más gente en la misma mesa, ya sea en la cantina escolar o en el restaurante de la empresa, no sirve de nada «.

El uso de estas mascarillas de polipropileno, originalmente reservadas al ámbito sanitario, se ha generalizado con el covid-19. Su objetivo principal es impedir que su portador contagie a los demás. Si todo el mundo la lleva, puede por tanto aportar una protección colectiva.

Bloquea al menos 95% de las partículas de 3 micrómetros. Así como las FFP2, no hay que llevarla más de cuatro horas.

Las mascarillas de tela, industriales o confeccionadas en casa, se generalizaron a raíz de la escasez de mascarillas médicas al principio de la pandemia. Pero estas empiezan a ser consideradas menos seguras frente a las nuevas variantes.

Así, Alemania acaba de imponer las mascarillas médicas en los comercios y transportes y en Francia, el Alto Consejo de Salud Pública recomendó evitar las industriales de tela de categoría 2 -- con una capacidad de filtración de 70% --, y las caseras.

«Si todo el mundo lleva correctamente una mascarilla casera, la protección sigue siendo muy apreciable «, objeta no obstante el doctor Cheng, citando un estudio publicado el miércoles en la revista científica Proceedings of the Royal Society A.


Realizado por investigadores de Cambridge, este concluye que los aerosoles cargados de virus pueden recorrer 2 metros en varios segundos y que «el distanciamiento físico sin ventilación no es suficiente para proteger durante largas exposiciones «.

«El riesgo de infección se reduce de 60% con una mascarilla casera básica «, asegura Cheng.

Debe cubrir la nariz y la boca, englobando la barbilla. Hay que lavarse las manos antes de ponérsela y colocársela sujetando las tiras elásticas. Una vez puesta, no hay que tocarla, de lo contrario hay que volver a lavarse las manos. El presidente estadounidense Joe Biden se mostró en público con dos mascarillas superpuestas, suscitando el debate.

«Llevar dos mascarillas vuelve desde luego el bloqueo más eficaz «, según Cheng. » Pero antes que nada deberíamos centrarnos en la gente que no lleva mascarilla o que no se la pone bien «. Las de tela son reutilizables y pueden lavarse varias veces, en general diez.

En cambio, la Organización Mundial de la Salud recomienda «tirar inmediatamente» las mascarillas médicas de uso único. Pero algunos especialistas estiman que pueden lavarse varias veces antes de desecharlas, con el fin de limitar el gasto familiar y la contaminación del plástico. Otros preconizan guardar este tipo de mascarillas usadas en un sobre durante siete días, lo que tarda como mucho en morir el virus.

«Recomendaría reutilizar la mascarilla después de siete días, entre 5 y 10 veces para la población en general «, declaró a finales de 2020 a la AFP Peter Tsai, uno de los investigadores que contribuyó a la puesta a punto de las N95.








Fuente:  lasprovincias.es



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